Muse, como experimentar sensaciones orgasmicas sin necesidad de recurrir al sexo

24 06 2010

Tras una larga noche al raso y a la intemperie aguantando como estoicos en una limitada tienda de campaña y soportando una serie de adversidades tales como: personas borrachas impidiendo dormir plácidamente (hablando en plata, tocando los co*****) y la presencia de los medios de comunicación a las 4:00 de la mañana, y una tarde la mar de tensa, llegó por fin la hora de la apertura de puertas. 18:00 en punto, la gente a las puertas del Calderón, la tensión se palpaba permanentemente en el ambiente, haciendo alusión a un tema de Love of Lesbian, tengo que decir que las primeras filas eran nuestra obsesión; por otro lado, los de seguridad se retrasaban y tras una larga espera (escasos 10 minutos, pero los cuales en esos instantes fueron toda una eternidad) abrieron las puertas. Como de costumbre, sufrimos el habitual protocolo de seguridad (cacheo, picada de entradas…) Una vez superado ese pequeño impedimento, nos tocó correr, correr como si no hubiera mañana, a lo largo del Vicente Calderón (que más que un estadio de fútbol convencional, parecía un estadio de fútbol americano, ya que los placajes de los señores de seguridad fueron constantes) hasta alcanzar nuestro objetivo, la tan anhelada valla, lo logramos, la primera fila.

Hasta que saliesen a escena los primeros teloneros, The Big Pink (19:45) nos dio tiempo a especular acerca del escenario y fue cuando me enteré de que simulaba ser uno de los cuatro ministerios de la antiutopía que crea Orwell en su obra 1984. Muchos os preguntaréis ¿y los tres restantes? he aquí la explicación: aparentemente en la gira de noviembre, cada una de las torres representaba un ministerio, pero debido al limitado presupuesto con el que contaban los de Teignmouth el último ministerio decidieron suprimirlo y montarlo más adelante. Caprichosamente decidieron hacerlo con dimensiones notablemente mayores y mostrarlo íntegramente en una gira veraniega por estadios. Que menos que montar este escenario y terminar lo empezado cuando 1984 ha sido la máxima inspiración y el principal referente para los británicos a la hora de componer su último trabajo.

Entre risas y bromas, les llega al turno a The Big Pink, actuación con un sonido mediocre, en la cual los espectadores solo coreamos Dominos, single extraído de su álbum debut. No hay mucho más que comentar sobre ellos, apenas les doy un 6 pero por las ganas que le pusieron.

20:45, turno de Editors, aclamados británicos que han conseguido abrirse paso en el panorama musical ingles, llegando a rivalizar con muchos grupos contemporáneos, con ese sonido que tanto les caracteriza, una eyaculación de Post-punk revival en toda la cara digamos y que a menudo han sido comparados con grandes como Interpol, o Joy Division. Suenan las primeras notas de Bricks and mortar e inmediatamente después llega Bones, la cosa todavía no está en auge, pero se empieza a caldear el ambiente. Las tres siguientes canciones, An end has a start, Smokers outside the hospital doors y Eat raw meet = blood drool sirven de incentivo para que el público manifieste todo su fervor y entusiasmo hacia ellos. Continúan con Bullets y Munich y finalizan con dos temazos, The racing rats y Papillon, en este último fue donde las masas se revolucionaron completamente. Actuación completa donde las haya, con los clásicos y unos cuantos temas de su último trabajo para poder fomentarlo. Destaco los dotes artísticos de Tom Smith, frontman (y showman) del grupo, que demostró su pericia encima del escenario, (se notó que estaba en su hábitat natural) dando permanentemente mucho juego encima de las tablas con sus movimientos, cuan mono entre árboles vaya. Me reitero, un showman en toda regla.

Después de Editors, uno de los empleados de seguridad nos pregunta con sonrisa burlona y ciertos aires de sarcasmo “¿Todavía hay más?” y nosotros contestamos al unísono “¡Todavía queda el plato fuerte!”

¡Y por fin llega el momento esperado por excelencia! Oh wait! Faltan las tan preciadas canciones de  fondo (las habituales que están grabadas en un disco) para hacer la espera más llevadera y amena. Como es habitual, suenan las típicas Vertigo de U2, Holiday de Green Day, sin embargo, el entusiasmo que muestran las masas hacía estas canciones no hace más que presagiar la agotadora y eufórica velada que nos aguarda.

22:00 de la noche, no ocurre  absolutamente nada, el escenario completamente vacío, ni un alma, solo faltaba la típica tumbleweed del viejo oeste, pero es lo que tiene ir a un concierto de ese calibre gajes del oficio. Sabemos sobradamente que los grandes siempre se hacen de rogar, no es nada atípico en este tipo de eventos, no es más que una simple estratagema para alimentar el fervor de las masas. Aun así, después de 20 inalcanzables minutos, llega el momento de la verdad, se apagan las luces, y se empieza a apreciar una especie de introducción, en ese momento sientes como te invade una sensación reconfortante al saber que aquello que has estado esperando está a la vuelta de la esquina, además de sentir la necesidad de vivirlo y disfrutarlo al 200% ya que va a ser un momento completamente efímero y fugaz.

Al ritmo y compás de la introducción empiezan a desfilar diversas personas a lo largo del foso y en fila india, todos ellos con banderas y carteles en mano, los cuales tenían escritos los lemas mas representativos y característicos de Muse y ocultos tras una especie de mascara al más puro estilo Hannibal Lecter. En el instante en que los voluntarios dejan las instalaciones, empieza a sonar Uprising, canción que ha logrado afianzarse al puesto de los himnos del trío inglés, con uno de los estribillos más pegadizos y punteros de toda su discografía; es entonces cuando la gente empieza a dar lo mejor de si mismo, ya que esta canción desata euforia y pasiones allí donde vaya. Sin dejarnos tregua, suenan sucesivamente, Supermassive black hole, New born y Map of the problematique, en la tercera del setlist, es donde la gente se despoja por completo del poco apalancamiento que le queda, dando cabida a ese ímpetu con el que se debe de vivir este tipo de eventos.

No obstante, pese a ese magistral comienzo, viene, por así decirlo, el momento menos deseado del concierto por muchos de los allí presentes. Matthew Bellamy se pone a los mandos del piano y comienza a tocar Neutron star collision (Love is forever), tema principal de la BSO de Eclipse, la tercera entrega de la pastelosa saga Crepúsculo, y muy a pesar de muchos fue una de las canciones más coreadas del concierto, de todas formas, con ese apoteósico empiece es imposible contenerse y quedarse callado, por lo que no nos quedo más que resignarnos y corearla como si nos fuera la vida en ello. Después de esa tremenda decepción llega una tranquilita, Guiding light, tema de su último álbum The Resistance, un poco insulsa a decir verdad, y de la que sinceramente hubiese prescindido, más que nada, porque aquí un servidor ya la vio/escucho en noviembre. Aun así este breve descanso, nos sirvió a muchos de los allí presentes para analizar minuciosamente el tinglado que tenían montado, para quedarnos anonadados con la cuidadísima parafernalia allí expuesta y para asimilar el espectáculo que nos estaban ofreciendo con esa puesta en escena y ese directo que tanto caracteriza a Muse.

Sin embargo, tampoco es que nos dieran tiempo en exceso para descansar, porque inminentemente después llega una de las sorpresas de la noche, ¡y que sorpresa! ¡Grata sorpresa! Bliss, que para mi asombro, fue de las más coreadas del concierto, y que a decir verdad no me esperaba tan cálido recibimiento. A estas alturas el concierto era ya supermasivo, el estadio rojiblanco estaba como al 80% de su capacidad, sin embargo, un reducido grupo de personsas en primera fila, habíamos creado ya nuestro particular petit comité, de dificil acceso, dada la complicidad que se respiraba en él. Sin darnos tregua, llega el interludio o Interlude, lo que implica que la sucesora es Hysteria, y en efecto, suena Hysteria, una excelente composición con un demoledor bajo de la mano de Chris Wolstenholme, bajista del grupo. Seguidamente llega la segunda tregua del concierto, suenan United States of Eurasia, clara reseña de su inspiracion en la novela previamente mencionada, 1984 y Felling good, a estas alturas tema completamente inamovible del setlist, y que a pesar de ser un cover es otro de los himnos del trio ingles.

De nuevo, viene otro de los momentos apacibles de la noche, pero a su vez uno de los más fascinantes e increibles. Chris y Dom se suben a una plataforma circular y ascendente para interpretar MK Jam, momento de impovisación con el bajo y la bateria, una batería extravagantea a más no poder, la cual Dominic Howard tocaba de pie, y sin dar apenas margen, al acabar dicha imprvisación, se les une Matt a la fiesta y comiezan a tocar a tocar Undisclosed Desires

Tras cortes como Resitance y Starlight, llega Time is running out, en la cual se empieza a notar que el concierto esta cada vez más próximo a su momento álgido. Los más reseñable de esta canción, a parte de que deslumbra por si sola y es imprescindible en todo concierto de Muse, es la introducción que le añadieron, nada más y nada menos que la mítica House of the rising sun, en este preciso instante, al tocar la introducción me refiero, el trío se quedo totalmente atónito cuando nos vió corearla, momento mágico donde los haya. Y es que esa noche también trataba de homenajes, ya que nos deleitaron con riffs de artistas de la talla de Led Zepellin, AC/DC, Deftones…

A partir de ese momento, el fervor de las masas está en su máximo apogeo, momento que aprovechan los ingleses para tocar Unnatural Selection, tema de su último trabajo de estudio, pero que recuerda mucho a canciones antiguas, ya que se asemeja a New born o Dead star, y que encaja a la perfección en cualquier setlist.

Ininterrumpidamente, le llega el turno al primer bis. Tras acordarse de su primer álbum, rescatar y regalarnos Unintended, llega el momento mágico por excelencia, donde Muse hace gala de su virtuosismo, fantasía, ingenuo y creatividad, un gran UFO sale de la parte trasera del escenario, y sobrevuela nuestras cabezas con una acróbata colgando de él a la vez que realiza todo tipo de maniobras y muestra su pericia, mientras en el escenario tocan Exogenesis: Symphony Part 1 (Overture) (en un entorno casi astral) mientras aprovechan para rendir honores a ese tema que tantos quebraderos de cabeza les ha causado, la ufología y la exopolítica.

Y para dar final al primer bis, tocan Stockholm Syndrome, tema extraído del Absolution, tercer trabajo de estudio del trío inglés. En esta canción, la euforia y la excitación son máximas, son imparables y casi rebasan el limite de lo humano.

Turno del segundo bis y en el que llega la que será la última sorpresa de la velada, Matthew Bellamy resurge de la parte trasera del escenario vestido con un traje de luces (no confundir con los trajes típicos toreros) para subirse a la plataforma ascendente previamente mencionada y tocar Take a bow.

Y ya como guinda añadida a este dulce y sabroso pastel, finalizan su actuación impecablemente con Plug in baby, tema totalmente impregnado de psicodelia y el cual tiene uno de los riffs más famosos del panorama musical actual, otro de los himnos Muse vaya y con Knights of Cydonia precedida de una versión de The man with the armonica de Ennio Morricone interpretada por Chris. Indudablemente la canción más aclamada y conocida de los ingleses, y con la cual finalizan la gran mayoría de sus conciertos desde el año 2006. ¡Apoteósico y demoledor final de concierto! En el que nos desgañitamos como si no hubiese habido un mañana.

En resumen, una velada sobresaliente, inigualable e inolvidable y casi perfecta en su totalidad que estuvo a la altura y cumplió las expectativas de la mayoría de los allí congregados, y el cual también sirvió para callar todas esas bocas, que cuestionaron los dotes artísticos de Muse y su profesionalidad. Con vestigios del pasado, rescatando temas que yo creía se habían quedado ya obsoletos en las actuaciones ofrecidas por lo ingleses.

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